Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor
tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber
con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y
a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los
hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes, Mt. 24:48-51. En el
ámbito de la iglesia tú decides convertirte en un siervo bueno o malo, claro
que todo creyente en su sano juicio espiritual decidirá ser un siervo bueno,
fiel y dispuesto a obedecer a su Señor. Lamentablemente muchos, consciente o
inconscientemente, deciden ser siervos malos. Éste se caracteriza por perder su
esperanza en su Salvador, no tiene interés en su retorno (“Mi señor tarada en
venir”), seguro que perdió la fe, porque entendemos que ya no le entusiasma la “parusía”,
y pone su mirada más en las cosas terrenas; aquel asunto de los cielos nuevos y
la tierra nueva, el cielo, el infierno y demás asuntos de este tipo no le
llaman la atención. Es curioso, pero en
algunas iglesias, y no sé si es una estrategia adrede, ya no se habla de temas
escatológicos, es preferible hablar sobre superación personal, temas de
motivación del ego, de dinero, prosperidad, milagros. Como alguien dijo: “ya no
damos mensajes sino masajes a la iglesia”, es decir hacemos que la gente
escuche lo que le agrada escuchar, pero temas de exhortación, de moral y demás
hay que tocarlos con pinzas para “que no se ofendan”. Por otro lado, el siervo malo maltrata a sus
semejantes (“golpear a sus consiervos”), y habla del creyente que se olvidó del
amor, del perdón, es aquel que se pone a criticar y a juzgar a los demás: Se
pelea con los pastores, con las autoridades de la iglesia, se pelea con la
gente fuera de la iglesia, se pelea con todo el mundo. Es alguien que es
rencoroso, envidioso, egoísta, es todo lo que el Maestro no es, pero sí puede
ser un reflejo fiel de lo que el diablo. Y claro, si su comunión con Dios anda
mal, entonces no le interesará tampoco cuidar su vida moral (“y aun a comer y a
beber con los borrachos”), no le interesa lo que digan los demás de él, se
aburre de las reuniones de la iglesia, prefiere ir a las discotecas,
parrilladas, fiestas del mundo donde hay trago, baile y desenfreno. ¿Crees que
hay creyentes así en la iglesia? Bueno sé que debes estar moviendo tu cabeza
afirmativamente, y yo también pienso igual, pero ¿serán realmente creyentes?
Pienso que no, el Señor para ellos sólo tiene una sentencia “vendrá el señor de
aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará
duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir
de dientes”, espero que esta no sea tu situación. Quizá digas, “pero yo no
tomo, sólo voy a fiestas, y me comporto moderadamente”. Tal vez digas, “soy resentido, es verdad, pero es que la gente me
provoca, pero no llego a la medida de lo que dice este pasaje”. No estoy en
calidad de juez de nadie, Dios se encargará de juzgarnos a todos, las excusas
hay que dárselas a Él, y sabrá lo que hará en cada caso. Lo que sí sé es que
Dios no me llamó para ser un siervo malo, sino uno bueno y debo cada día
consagrarme a Él y obedecerle, y procurar tener un buen testimonio dentro de la
iglesia como fuera de ella, y espero que Dios no ayude en esto. Búscalo.
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