Jesús dedicó
gran parte de su ministerio a multitudes, pero nunca permitió que los números
definieran la verdad o el éxito de su misión. En más de una ocasión, cuando sus
enseñanzas resultaron difíciles, muchos dejaron de seguirlo. Él no rebajó el
mensaje para conservar a la multitud, sino que permaneció fiel a la verdad. Del
mismo modo, el Señor habló del camino ancho, por el que transitan muchos, y del
camino estrecho, que pocos encuentran. Esto demuestra que la verdad no siempre
coincide con la mayoría ni la fidelidad puede medirse por la cantidad de
personas que siguen un determinado ministerio.
La Biblia
también nos muestra que Dios ha obrado poderosamente a través de personas y
grupos pequeños. Noé permaneció fiel cuando casi toda la humanidad se había
corrompido. Gedeón venció con un ejército reducido para que quedara claro que
la victoria provenía de Dios y no del poder humano. El mismo Señor Jesús
escogió a doce discípulos para llevar el evangelio al mundo. Estos ejemplos nos
recuerdan que Dios no depende de las grandes cifras para cumplir sus
propósitos.
Esto no
significa que el crecimiento numérico sea malo o deba despreciarse. Cuando una
iglesia crece porque el evangelio es predicado con fidelidad y las personas
llegan a Cristo, debemos dar gracias a Dios. El problema aparece cuando los
números se convierten en el criterio principal para evaluar un ministerio o
cuando se sacrifican la sana doctrina, la santidad o la verdad con tal de
atraer más personas. En ese momento, el éxito deja de medirse por la fidelidad
a Dios y comienza a medirse por estadísticas humanas.
La verdadera
salud espiritual se refleja en otros aspectos que la Biblia considera
fundamentales: la fidelidad a la Palabra de Dios, el amor genuino por Cristo,
el crecimiento en santidad, la formación de discípulos, el servicio humilde, la
integridad de los líderes y el fruto del Espíritu en la vida de los creyentes.
Estos valores no siempre pueden expresarse en una estadística, pero son los que
tienen verdadero peso delante de Dios.
Por ello, el
creyente y los líderes cristianos deben cuidarse de caer en lo que algunos
llaman "la dictadura de las cifras". Los números pueden ser útiles
para organizar un ministerio, pero nunca deben reemplazar el discernimiento
espiritual. Al final, el Señor no nos preguntará cuántas personas nos
siguieron, sino si fuimos fieles al llamado que Él nos encomendó. La mayor
aprobación no proviene de las estadísticas, sino de escuchar un día estas
palabras del Señor: "Bien, buen siervo y fiel". Esa sigue siendo la
verdadera medida del éxito desde la perspectiva de Dios.












