martes, 17 de marzo de 2026

CUANDO EL HOMBRE OLVIDA SU IDENTIDAD

 



En los últimos tiempos han surgido diversas expresiones de identidad que llaman profundamente la atención, entre ellas aquellas personas que se identifican como animales, conocidas comúnmente como “therians”. Este fenómeno no siempre debe entenderse como una forma de protesta consciente o ideológica, sino más bien como un reflejo de una necesidad más profunda del ser humano: la búsqueda de identidad. En una sociedad donde los valores cambian constantemente y donde las verdades absolutas son cuestionadas, muchas personas, especialmente jóvenes, se encuentran confundidas acerca de quiénes son realmente. Esta confusión puede llevarlos a adoptar identidades que se alejan del diseño original establecido por Dios.

La Biblia enseña claramente que el ser humano no es un accidente ni una criatura más dentro del conjunto de la creación. En Génesis se declara que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, lo cual le otorga un valor, propósito y dignidad únicos. A diferencia de los animales, el ser humano posee una dimensión espiritual que le permite tener comunión con su Creador. Esta verdad establece una base firme sobre la identidad humana: no somos definidos por sentimientos cambiantes ni por percepciones subjetivas, sino por el propósito eterno de Dios. Cuando una persona comienza a identificarse como algo distinto a lo que Dios ha declarado, no está elevando su identidad, sino alejándose de ella.

El apóstol Pablo describe una realidad similar en Romanos, donde explica que al rechazar el conocimiento de Dios, el ser humano cae en un proceso de confusión, cambiando la verdad por la mentira. Este intercambio no solo afecta la moral, sino también la percepción de uno mismo. La pérdida de identidad espiritual conduce inevitablemente a una distorsión de la identidad personal. En este contexto, fenómenos como el de los therians pueden entenderse como señales de una sociedad que ha perdido su ancla en la verdad divina y que busca redefinirse sin referencia a su Creador.

Sin embargo, la respuesta bíblica ante estas realidades no debe ser de burla, rechazo o condena fría. La Escritura enseña en Efesios que la verdad debe ser hablada con amor. Detrás de cada persona hay una historia, una necesidad emocional, un vacío o una herida que muchas veces intenta ser llenada mediante nuevas identidades. Por ello, el llamado del creyente es a comprender sin justificar el error, y a guiar con compasión hacia la verdad. No se trata simplemente de corregir una idea, sino de restaurar una identidad.

El salmista también recuerda en Salmos que el ser humano fue coronado de gloria y honra, y puesto sobre las obras de Dios. Esta declaración reafirma que nuestra identidad no es inferior ni intercambiable con la de otras criaturas. Al contrario, fuimos diseñados con un propósito elevado que solo se comprende plenamente cuando volvemos a Dios. Cuando el hombre olvida quién es, comienza a buscar respuestas en lugares equivocados; pero cuando vuelve a su Creador, encuentra no solo su identidad, sino también su valor, dirección y propósito.

En definitiva, más que una simple tendencia cultural o una forma de protesta, este tipo de manifestaciones refleja una crisis más profunda: la pérdida de identidad espiritual. Y la única solución verdadera no está en redefinir al ser humano según sus emociones, sino en redescubrir lo que Dios ya ha dicho acerca de él. Solo en esa verdad el hombre puede encontrar estabilidad, paz y sentido real para su vida.

 

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