Seguramente que has escuchado a una conocida predicadora
decir que “hay un poder espiritual en el dinero, y que debe llevarse el billete
al oído para escucharlo hablar”. Ocurrencias así son las que lamentablemente tenemos
que oír hoy en día cuando se trata de sacarle dinero a la gente en el nombre de
Jesús. Lo triste de esto es que hay gente que cree en estas cosas, pero no nos
debe extrañar ya que también hay gente que le cree al diablo, que trabaja por
medio de los brujos y hechiceros y las personas desprovistas de la gracia de
Dios caen ingenuamente en esto. No en vano el apóstol Pablo dijo: “Porque
vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de
oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán
a las fábulas. (2 Ti. 4:3-4). Ahora si esto ya existía en los tiempos
apostólicos ¿qué cosas no sucederán en los días finales? Me acuerdo que antes
subirse a un púlpito con una biblia era un acto reverente y cualquier persona no
podía hacerlo, es decir, de poder se podía pero el temor era tal que así nomás
cualquiera no se atrevía porque era necesario aparte de la preparación
teológica, pues también era el “llamado” de Dios, condición indispensable para
poder tener la seguridad y la autoridad de hablar en el nombre de Dios. Me temo
que hoy día no es así, ahora vemos que personas con un mínimo de conocimiento
de la biblia, y no necesariamente con conocimiento de las Escrituras aun ignorándolas
incluso, pueden ejercer el oficio de pastor, maestro o evangelista. Hoy vemos líderes
religiosos que saben tanto de la biblia como yo de astronomía y se paran frente
a un púlpito y dicen cualquier “pachotada”, cualquier ocurrencia que no tiene
asidero bíblico y ¡la gente le cree! Consígase a un tipo atractivo físicamente,
que tenga facilidad de palabra, que tenga carisma, que sea ocurrente, que haga
reír y llorar a la gente, que sea simpático, ¡ah me olvidaba! y que conozca
algo de biblia, y le aseguro que tendrá éxito. Este es el perfil del predicador
que busca la gente que “tiene comezón de oír”. En esta nueva generación la
gente ya no quiere que se le hable de sus pecados, a veces tengo mis serias
dudas con respecto a aquellos líderes religiosos que dicen que a la gente no
hay que hablarles mensajes negativos, pues hablarles del pecado es ser
negativos; hay que hablarles con pensamientos positivos, hay que engreírlos,
decirles cosas halagüeñas, hay que tocar temas de superación personal que hagan
que su ego se infle y se sientan bien consigo mismos. Si logramos todo esto
entonces tendremos nuestro local lleno de gente, y fácilmente podremos sacarle
luego su dinero, porque la gente dará su dinero donde la traten bien, si usted
hace todo esto entonces será un líder espiritual exitoso. Y ahora ¿quién no
quiere ser exitoso? ¿Quién no quiere tener una iglesia llena de gente, con
abundante dinero para poder financiarlo todo? Si ahora se mide el “éxito” en
base a los patrones gente y dinero entonces hagamos todo lo que sea necesario
para lograrlo así estaremos bien con la gente que nos contrató y seremos
reconocidos, aplaudidos y viviremos cómodos, pero ¿esto agradará a Dios? ¿Así
estaré siendo fiel a aquél que me llamó a servirle? ¿Estaré comunicando lo que
Dios me dice que comunique? Lo que Dios le dice al profeta Ezequiel con
respecto a los falsos profetas es de temer: “Hijo de hombre, profetiza contra
los profetas de Israel que profetizan, y di a los que profetizan de su propio corazón:
Oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los profetas
insensatos, que andan en pos de su propio espíritu, y nada han visto. Como
zorras en los desiertos fueron tus profetas, oh Israel. No habéis subido a las brechas, ni habéis
edificado un muro alrededor de la casa de Israel, para que resista firme en la
batalla en el día de Jehová. Vieron vanidad y adivinación mentirosa. Dicen: Ha
dicho Jehová, y Jehová no los envió; con todo, esperan que él confirme la
palabra de ellos. ¿No habéis visto visión vana, y no habéis dicho adivinación
mentirosa, pues que decís: Dijo Jehová, no habiendo yo hablado? Por tanto, así
ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto vosotros habéis hablado vanidad, y habéis
visto mentira, por tanto, he aquí yo estoy contra vosotros, dice Jehová el
Señor” (Ez. 13:2-8). ¿Esto se lo dijo solo a los profetas del tiempo de
Ezequiel o también es para nosotros? Creo que lo mismo se lo diría a los
profetas de hoy que “profetizan de su propio corazón”, y no se interesan en el
estado espiritual de sus ovejas, sino en el estado financiero de ellas. Querido
consiervo si Dios te llamó a empuñar una biblia y pararte frente a tu grey
habla lo que Dios te dice que hables, no trivialices la palabra de Dios para
decirle a la gente lo que quiere escuchar, sino lo que debe escuchar, no seas
de esos falsos profetas que deben inventar algo nuevo para cautivar a su
público para hacerse famosos y luego “trasquilar ávidamente a sus ovejas”. Los
que tenemos el encargo de usar la palabra de Dios debemos buscar cada día el
rostro de nuestro Señor para pedirle sabiduría, gracia y palabra para
transmitirla a su pueblo. No claudiquemos como Balaam que empezó bien y
respondió adecuadamente a los siervos de Balac diciéndoles: “….Aunque Balac me
diese su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar la palabra de Jehová mi
Dios para hacer cosa chica ni grande” (Nm. 22:18), pero después se dice de él: “Han
dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo
de Beor, el cual amó el premio de la maldad, (2 P.2:15). ¿Te das cuenta que el siervo
de Dios puede perder el norte? puede empezar bien y luego acabar mal, puede
empezar lleno del Espíritu de Dios, y luego terminar lleno de avaricia. Que
Dios nos ayude a los que estamos en esta sagrada labor de enseñar y dirigir al
pueblo de Dios a hacerlo bien, y poder “apacentar la grey de Dios que está
entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia
deshonesta, sino con ánimo pronto” (1 P. 5:2), y que nos dé un corazón dócil a la
voz de su Espíritu para hacer siempre lo correcto y nos despojemos de toda
motivación carnal que atropelle nuestra santidad y dañemos al pueblo de Dios, ya
que algún día nos presentemos ante Dios y tenemos que hacerlo “como obreros que
no tienen de qué avergonzarse y que usan bien la palabra de verdad (2 Ti.
2:15).
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