Cuando le asignas
responsabilidades a alguien, cuando le das autoridad a una persona, si ésta es neófita,
y no sabe cómo manejar el poder, es probable que esa persona resulte ser problemática
y en lugar de ser una ayuda en su gestión, pues sea un tropiezo. Es importante
saber a quién se escoge, es importante saber que la persona en cuestión tenga
la madurez moral, emocional, espiritual y las aptitudes pertinentes para que
pueda cumplir su función a cabalidad y con la satisfacción de aquellos que la
eligieron. Todo el mundo quiere tener poder, todos quieren sentirse respetados
y percibir esa agradable sensación de mandar a otros. Les da cierto sentido de
importancia, de superioridad, y hay
quienes obcecados por el poder, pues llegan a creer que son más importantes que
los demás. Sea como fuere si existe una condición para aquel que ostenta el
poder, pues es el de la humildad. En la experiencia que tenemos en nuestros países
latinoamericanos es ver que muchos de nuestros líderes o gobernantes cuando
detentaron el poder siendo jóvenes, pues, una vez que se les subió a la cabeza,
cometieron una serie de errores y desatinos que hicieron más daño que provecho
a los países. Suele ser un error muy frecuente en los líderes inexpertos y
faltos de experiencia, el orgullo y soberbia que no les permite oír consejos
sabios y oportunos que podrían ayudarles a servir mejor a los intereses de una nación.
Este fue el caso de Roboam, la
Biblia dice de él: 1 R. 12:10,14: “Entonces los jóvenes que
se habían criado con él le respondieron diciendo: Así hablarás a este pueblo
que te ha dicho estas palabras: Tu padre agravó nuestro yugo, mas tú
disminúyenos algo; así les hablarás: El menor dedo de los míos es más grueso
que los lomos de mi padre…. y les habló conforme al consejo de los jóvenes,
diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi
padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones.”
Esta mala decisión del joven
Roboam hizo que la nación de Israel se dividiera en dos facciones quedándose sólo
con dos tribus de las doce que había. El tener liderazgo, el tener poder y
ascendencia sobre los demás no es para que hagamos lo que nos da la gana,
tenemos que aprender a escuchar a los que tienen experiencia, a los que saben y
tienen más trayectoria que nosotros. Debemos aprender lo que dice la Biblia en 1 Co. 10:23: “Todo
me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.”
La falta de discernimiento es otra falencia en muchos líderes que los lleva a
cometer equívocos y elaborar criterios que son contraproducentes. Pongámonos a
pensar por qué nuestros gobernantes logran tener una baja aceptación por parte
de aquellos que los eligieron, los gobernados se decepcionan fácilmente de
aquellos en quienes cifraron toda su confianza, precisamente por lo que decíamos
arriba. Si uno asume el poder para hacer cosas sin recibir ayuda y
asesoramiento, sino dejándose llevar por su visión antojadiza producto de su
inexperiencia, sólo logrará ganarse el rechazo de los gobernados. Jesús, demostró
ser un gran líder, no sólo porque tuvo aceptación en su tiempo, sino porque
supo oír el consejo de su Padre, y basó sus conocimientos en la voluntad
expresa de Dios que esta en su palabra; y por eso su liderazgo perdura por toda
la eternidad. A pesar que son más de dos mil años que el galileò posó sus pies
sobre la tierra, su influencia sigue siendo poderosa en la mente y el corazón
de los que creen en Él. Ha habido reyes, y grandes autoridades, mentes
brillantes de científicos que han querido deshonrarlo y no lo han logrado, son
ellos los que están ahora siendo deshonrados en el hades que es el lugar en donde están confinados. Si todos
queremos tener autoridad, todos queremos mandar a otros, pues depongamos el
orgullo, la soberbia, dejemos las actitudes déspotas y aprendamos a ser
humildes, aprendamos que el poder lo tenemos no para servirnos a nosotros mismos,
sino para servir a los demás. Que Dios guíe a nuestros gobernantes, líderes
políticos, sociales y religiosos y les dé esa capacidad que tanto hace falta y
de la cual carecen muchos de ellos, pero que fue muy deslumbrante en nuestro
maestro Jesús: “la humildad”.

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