En algunos mensajes cristianos se ha popularizado la frase: “Dios cree en ti”. Aunque su intención suele ser animar a las personas, conviene preguntarse si esa expresión refleja realmente la enseñanza de la Biblia. Al revisar las Escrituras, no encontramos ninguna declaración que afirme que Dios crea en el ser humano en el sentido en que nosotros creemos en Él. Más bien, el mensaje bíblico va en la dirección opuesta: somos nosotros quienes estamos llamados a creer en Dios, a confiar en sus promesas y a poner nuestra fe en Jesucristo para recibir la salvación. La fe es la respuesta del ser humano al Dios que se ha revelado, no una cualidad que Dios necesite ejercer respecto de sus criaturas.
La Biblia presenta a Dios como el Dios omnisciente, que conoce perfectamente el corazón de cada persona. Él no necesita "creer" en nosotros porque no ignora quiénes somos ni cuál será nuestra respuesta. Conoce nuestras fortalezas y también nuestras debilidades, nuestros aciertos y nuestros pecados. Su llamado a la humanidad no está basado en una confianza ciega en las capacidades humanas, sino en su gracia, su amor y su propósito soberano. Cuando Dios llama a alguien para cumplir una misión, no lo hace porque esa persona sea suficiente por sí misma, sino porque Él promete capacitarla y sostenerla.
Las Escrituras muestran que hombres como Moisés, Gedeón, Jeremías o el apóstol Pedro eran conscientes de sus limitaciones. Dios no les dijo: “Creo en ustedes”, sino que les aseguró: “Yo estaré contigo”. Esa es una diferencia fundamental. La confianza del creyente no debe descansar en sí mismo, sino en la presencia y el poder de Dios. Cuando el Señor llama, también fortalece, guía y capacita para cumplir su voluntad.
Esto no significa que Dios no ame al ser humano o que no valore a quienes ha creado. Al contrario, la Biblia enseña que Dios nos ama profundamente, nos busca, nos perdona y nos transforma por medio de Cristo. Sin embargo, ese amor no debe confundirse con una confianza en la autosuficiencia humana. El evangelio comienza precisamente reconociendo que somos incapaces de salvarnos por nuestros propios méritos y que necesitamos la gracia de Dios. Por eso, toda la gloria de la salvación pertenece al Señor.
En consecuencia, aunque la frase “Dios cree en ti” pueda sonar inspiradora, no expresa con precisión el énfasis de las Escrituras. El mensaje bíblico es mucho más profundo y esperanzador: Dios nos ama, nos llama, nos perdona y promete estar con quienes ponen su fe en Él. La pregunta decisiva no es si Dios cree en nosotros, sino si nosotros creemos en Él, confiamos en su Hijo Jesucristo y vivimos dependiendo de su gracia. Esa es la fe que la Biblia presenta como el fundamento de la vida cristiana.

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