Leemos en la biblia: “y un joven llamado Eutico, que
estaba sentado en la ventana, rendido de un sueño profundo, por cuanto Pablo
disertaba largamente, vencido del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue
levantado muerto” (Hch. 20:9). El apóstol Pablo se encontraba en Troas, al día
siguiente estaría partiendo, su destino era ir a Jerusalén. Esa noche disertó
largamente hasta la media noche, y Eutico que estaba vencido por el sueño, se
encontraba sentado en la ventana, de pronto se cayó desde el tercer piso. La
caída debe haber sido aparatosa, pues murió.
Y bueno, es obvio, una disertación tan larga, no creo que
aburrida, pero hasta tarde, pienso que a cualquiera le produciría sueño, sobre
todo si es que uno ha trajinado durante el día. El infortunado no se aseguró
bien y terminó con su vida. A veces pienso que dentro de nuestras iglesias
existen varios “Euticos”, no necesariamente porque se sientan en una ventana,
sino porque se quedan dormidos en plena prédica. Probablemente llegan cansados
después de una ardua jornada de trabajo, pero en mi experiencia pastoral he
visto que en el culto matutino, supuestamente cuando uno todavía está fresco,
algunos se entregan en los brazos de Morfeo. Claro que he escuchado un montón
de explicaciones al respecto, desde aquellos que consideran que puede ser el
resultado de un problema orgánico, una mala noche, hasta aquellos que creen que
el diablo los está sumiendo en la modorra para que no atiendan el mensaje.
Ahora cualquiera de estas explicaciones puede tener algo de cierto, pero si
tuviéramos que sacarle alguna aplicación válida pues pienso que no deja de ser
cierto que el sopor espiritual existe. Ahora bien, al estar en esta condición
uno deja de atender la palabra de Dios y se desentiende también de su voluntad.
En consecuencia al estar afectado espiritualmente, porque el sopor espiritual
puede ser el producto del pecado, entonces no mostraré interés en las cosas de
Dios. Esto fue lo que pasó con la nación de Israel por su desobediencia: “Porque
Jehová derramó sobre vosotros espíritu de sueño, y cerró los ojos de vuestros
profetas, y puso velo sobre las cabezas de vuestros videntes….Dice, pues, el
Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me
honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un
mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (Is. 29:10,13). Al dormirme, espiritualmente
hablando, me puede suceder como a Eutico, que se cayó del tercer piso y se
mató, no sucederá exactamente lo mismo con el que se duerme, pero el resultado
sí puede ser el mismo, la muerte. Y en realidad estar dormidos espiritualmente
nos puede llevar a “caer” de la gracia como dice el apóstol Pablo: “De Cristo
os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído”
(Gal. 5:4), y una caída tal puede ser mortal, implicaría el desligarte del
Señor, es como apostatar de tu fe y no querer saber nada del Señor. Muchos de
nuestros “Euticos”, no se van de la iglesia, pero están dormidos, no sirven al
Señor, y su carnalidad es más evidente que su vida espiritual. Hasta nos
atreveríamos a dudar de su salvación, porque recordemos que Jesús dijo “por sus
frutos los conoceréis” (Mt. 7:20), y una higuera que no rinde frutos, pues será
cortada: “Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego”
(Mt. 7:19). Los creyentes durmientes que no han entendido el propósito de Dios para
sus vidas están en una gran desventaja, porque tienen apagado al Espíritu en
sus vidas, mientras mantengan una vida de pecado y rebeldía el Espíritu no
estará operativo en ellos, requieren del arrepentimiento y volver en fe al
Señor y luego estar dispuestos a decirle al Señor como Saulo en el camino de
Damasco: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hch. 9:6). Sólo el que se ha
arrepentido y ha entrado en una relación con Dios está dispuesto a servirle de
corazón. Si los “Euticos” nos seguirán acompañando, pues los veremos y nos
sentiremos mal porque queremos que despierten y usen los dones y talentos que
Dios les dio, que no vengan con excusas y mentiras diciendo que no tienen
tiempo para orar, ni leer la biblia, que tampoco pueden asistir a culto de
oración, o a los cultos dominicales, porque sus problemas o sus ocupaciones les
absorbe tiempo, cuando en el fondo es que su sopor espiritual no les permite discernir
la condición real en la que están, y si asisten, pues se duermen literalmente o
no atienden lo que escuchan, y si lo
escuchan no lo entienden, porque aparte del pecado, el enemigo no permite que
la palabra haga efecto en sus vidas: “en los cuales el dios de este siglo cegó
el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del
evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Co. 4:4), si
lo puede hacer con los incrédulos, ten por seguro que lo puede hacer también
con los dormilones. Sólo espero que Dios despierte a muchos “Euticos” de la
iglesia y estos puedan a su vez asumir un compromiso real de fidelidad y
servicio al Señor. En realidad en estos tiempos de avance del pecado y la maldad,
Dios necesita despertar el espíritu de su iglesia para que se ponga a hacer lo
que debe hacer, extender el reino de Dios en el corazón de los incrédulos y
ganar las almas para Cristo, que haga lo que hizo en el tiempo de Zorobabel y
del pueblo de Israel cuando dice: “Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel
hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac,
sumo sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y
trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios” (Hag. 1:14). Con el
espíritu despierto evitaremos caernos cual Eutico, una caída que podría ser
fatal y que podría llevar a muchos a una muerte espiritual permanente. Dios nos
libre de esto.

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