Tal vez en algún momento te hayas sentido solo, aun rodeado
de tus seres queridos, pero experimentas una sensación de vacío, de abandono.
Parece que todo resulta ser gris, nada te llama la atención, o puede ser el
fenómeno a la inversa: te sientes activo, deseas llenar tus momentos de
ocupaciones, deseas hacer algo, pero al
final de la jornada experimentas nuevamente el vacío, la soledad y la angustia.
En una era tecnológica como la nuestra deseamos estar ocupados en medio de los
aparatos electrónicos para distraernos y matar el rato, para luego irnos a
dormir. Lo peor de todo es que no tienes sueño, y entra en tu corazón el temor,
quieres que amanezca para estar nuevamente ocupado. Vas al médico y te dice que
sufres de ansiedad, o puede ser un agotamiento emocional y mental. Debes descansar
o debes tomarte algunos somníferos, pero no abuses, te dice, esto puede crearte
dependencia. Sabes es típico esto en algunas personas, se dice que vivimos en
el siglo de la angustia, la ansiedad y la depresión. Hay gente que no encuentra
salida a su laberinto emocional o mental y prefiere auto eliminarse, hay otros
que se refugian en drogas o alcohol, pero nunca estos te darán verdadero
refugio, son formas de escape, pues al final te encuentras con el mismo
problema o peor. La única salida a esto es que te acerques a Dios en oración y
le digas que Él ponga paz en tu angustiado corazón, porque en realidad es esto
lo que necesitas. Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy
como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Jn. 14:27). Él
te dará el descanso que tu alma necesita cuando le abras tu corazón y le digas
que lo necesitas, si debes confesarle algo, pues hazlo, Él puede y desea
perdonarte. No existe hombre ni mujer más dichoso que aquél que haya su
seguridad y protección sólo en las manos de Dios, porque como dice el salmista:
“El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente”
(Sal. 91:1).

No hay comentarios:
Publicar un comentario