miércoles, 6 de mayo de 2015

¡AHORA SE LO DIGO AL PASTOR!



El niño se porta mal y la mamá le dice: “¡Ahora se lo digo al pastor!” El estudiante se fue a la discoteca con sus amigos,  y su padre le dice: “ ¡Ahora se lo digo al pastor!” La adolescente está saliendo con un chico no creyente y sus padres la amenazan: “¡Ahora lo sabrá el pastor!” Con este tipo de reacciones de los padres hacia sus hijos pienso que están convirtiendo al pastor en una nueva versión del “cuco”. Alguien al que hay que temer, y claro, alguien en quien no se debe confiar. Me parece que los padres no sólo deben corregir a sus hijos, sino que también deben saber modelar adecuadamente para ellos. No hay que esperar que el pastor sea quien resuelva todos los problemas. Si Dios te dio hijos, pues te dio la gran responsabilidad de criarlos y educarlos en los caminos del Señor. Algunos padres esperan que la Escuela Dominical arregle la conducta de sus hijos? ¿Pero cómo esperas que el maestro de la Escuela lo haga si tú como padre no refuerzas con el buen ejemplo. Conozco padres que mandan a sus hijos a la iglesia para que se “compongan”, porque andan torcidos, sin embargo, los que andan más torcidos son ellos mismos. Al final si tu hijo no quiere ir a la iglesia le echarás la culpa al maestro, al coordinador de jóvenes, a algún hermano porque alguien tiene que pagar los platos rotos, y por supuesto al “chivo expiatorio por excelencia”, el pastor. El cuidado espiritual de la iglesia le corresponde al pastor, pero el cuidado moral, espiritual y físico de un niño, o joven le corresponde a los padres. El primer lugar de aprendizaje y de formación de ellos es su hogar. Así que trata de no echar responsabilidades tan graves como éstas en manos quienes no los atenderán mejor que tú mismo como padre o madre que eres. Mira lo que dice la palabra del Señor: “Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos. Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes, y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas;  para que sean vuestros días, y los días de vuestros hijos, tan numerosos sobre la tierra que Jehová juró a vuestros padres que les había de dar, como los días de los cielos sobre la tierra” (Dt. 11:18-21). Claro este enorme privilegio es para los padres, no para el pastor  o para el líder de algún área. Con esto no digo que ellos no puedan hacerlo, lo hacen, pero no lo harán tan efectivamente como tú. Mira soy pastor y enseño y predico la palabra, tremenda honra de parte de Dios, pero los padres también la tienen y son a ellos a quienes Dios pedirá cuenta sobre la manera cómo han sido educados sus hijos. Así que antes de decirle a tu hijo: “¡Ahora se lo digo al pastor!”, pues acude al Príncipe de los pastores, y dile que te dé sabiduría e inteligencia para saber educarlo e instruirlo en el temor de Dios. Tu hogar será tremendamente bendecido no cuando amenaces a tu hijo con el pastor, sino cuando empieces a cambiar tú primero y seas un ejemplo de inspiración y edificación moral y espiritual para él.

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