Si eres un estudioso de las Sagradas Escrituras, y cada día
te alimentas de ella, dudo mucho de que puedas ser sorprendido con las falsas
doctrinas de falsos maestros que están apareciendo últimamente. La biblia dice:
“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene
de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15). El gran
desafío que tenemos todos los creyentes es éste precisamente, de presentarnos
algún día ante el Señor y declarar ante Él, sin temor ni vergüenza que hemos
hecho uso de la palabra de verdad. Y digo esto porque como dije hoy pululan los
engañadores que usan la palabra de Dios pero para sus fines pecuniarios
ambiciosos. Son los llamados apóstoles y profetas de la prosperidad, ávidos de
dinero que promueven el llamado “Evangelio de la avaricia”, y que como la yerba
mala no desaparecen fácilmente. Para muchos de ellos abrir una iglesia es como
abrir una empresa. Ven la rentabilidad en “este negocio” y saben que se puede
lucrar bien. Estos falsos maestros pueden hombres y mujeres y como dijo una de
ellas “hasta hacen hablar a los billetes” y se ufanan de que al hacerlo están
siendo guiados por Dios. Son como diría el apóstol Pedro que, “….por avaricia harán
mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo
tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2 P.2:3). La
predicación del evangelio no es para buscar ventajas monetarias, la verdad que
no me imagino a Jesús predicando con el único fin de sacarle plata a la gente.
Sabemos que el que estaba interesado en el dinero entre sus discípulos fue
Judas y que por dinero lo traicionó y todos sabemos cómo terminó su triste existencia.
Pues del mismo, aquellos fraudulentos “ministros del dinero”, que sólo buscan
enriquecerse tendrán el mismo destino porque han puesto como principal motivación
a “mamón” para poder tener el estilo de vida de lujos y derroche como sabemos
tienen varios de ellos. Gastan el dinero que debería invertirse en obras
benéficas, o seguir llevando el evangelio a otras latitudes, en comprarse autos
de lujo, jet privados, enormes mansiones y algunos de estos arrogantes lo hacen
para vivir una vida de desenfreno y lujuria descarada, que claro, nunca usted
lo sabrá, pero tarde y temprano se enterará, porque “nada hay encubierto, que
no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse” (Mt. 10:26). El
asunto del dinero siempre es delicado, pero estos “amantes de la plata” son una
especie de “astrólogos del evangelio”, que le dicen que su dinero en las manos
de Dios será bien invertido y que Dios a usted le dará todas las riquezas que
necesita si usted primero aprende a renunciar a su cuenta de miles de dólares,
o regala su casa, su auto, su reloj de oro, su yate o toda su fortuna porque,
como generalmente dicen, haciendo uso inexacto de la palabra de Dios, usted “recibirá
cien veces más”. Le pronostican salud, riqueza, bendición, buenos negocios,
prosperidad sin límites, pero aprenda a dar, participe de las telemaratónicas, “haga
un pacto con Dios” y verá cómo se abren las ventanas del cielo y Dios “derramará
bendición hasta que sobreabunde”. Nadie niega que Dios pueda hacer esto, pero
si fuera realmente un principio de “causa y efecto”, entonces todos los
cristianos que diezman serían ricos, y no es así, todos los cristianos que
sufren de enfermedades estarían sanos y no es así, todos los cristianos que
dieron sus casas, sus yates, sus alhajas de oro tendrían cien veces más y no es
así. Olvidan que Dios al que quiere bendice y al que no, pues no. Y con esto no
digo que no lo bendiga, porque de ser bendecidos todos lo somos, pero no de la
forma como ellos nos engañan. Dios te promete bendecirte, pero no te promete
que te hará rico, sino ¿por qué dice la biblia: “No te afanes por hacerte rico;
sé prudente, y desiste” (Pr. 23:4)? ¿Por qué dicen las Escrituras: “porque raíz
de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se
extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Ti. 6:10)?
Dios quiere que vivamos sobriamente sin amar el dinero porque podría ser la
causa de nuestra perdición, lo que no significa que Dios no atenderá a tus
necesidades porque lo hará, no lo dudes, pero de aquí a ser rico eso es sólo
facultad de Dios hacerlo, no por orden de los apóstoles y profetas del fraude,
sino por su soberana voluntad. Así que examina tu biblia y compara lo que dice
ella y lo que dicen estos mercaderes de la fe y tú mismo saca tus conclusiones.
Ellos se arrogan el privilegio casi de “ordenarle” a Dios que te bendiga,
simplemente haciendo “declaraciones de fe”, o como decía uno de ellos haciendo
decretos: “Yo decreto prosperidad, yo decreto sanidad, yo decreto riqueza y
decreto que se vaya la pobreza” yo no sé
por qué no desciende un ángel del cielo y “decreta” cerrarles la boca a estos
engañadores para que no sigan alimentando de falsas esperanzas al ingenuo y
siempre maleable pueblo de creyentes. Mantén tu confianza el Dios, examínalo
todo y retén lo bueno. Cimenta tu vida en la sana doctrina, Jesús busca
enriquecer tu corazón de sus riquezas espirituales no tus bolsillos de dinero,
esto no es lo más importante para Dios como lo es para aquellos pastores del
dinero. Dile a Dios que te dé sabiduría y discernimiento para saber elegir lo
que a Dios le agrada, y no para seguir la corriente de estas nuevas tendencias
teológicas distorsionadas que no provienen del cielo, sino del mismo infierno,
porque al final la intención de ellos no es llenar tu corazón de amor a los
perdidos sino de amor al dinero y de avaricia. Haz caso a lo que dice el Señor
y Él estará contigo: “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo
que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré;” (He. 13:5).

No hay comentarios:
Publicar un comentario