La Biblia presenta el servicio a Dios de una manera mucho más amplia que ocupar un cargo o desarrollar un ministerio dentro del templo. El templo es un lugar importante de reunión, adoración, enseñanza y comunión, pero no es el único lugar donde un creyente puede servir al Señor.
Hay una idea fundamental: no servimos a Dios solamente cuando estamos dentro de la iglesia; servimos a Dios en todos los ámbitos donde Él nos ha colocado. Pablo dice: «Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús» (Colosenses 3:17). Y luego, hablando incluso del trabajo cotidiano, afirma: «Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo» (Colosenses 3:23). Eso significa que nuestro servicio no está limitado a un púlpito, un departamento de la iglesia, una plataforma de alabanza o un cargo ministerial.
Jesús mismo amplió nuestra comprensión del servicio cuando enseñó que quien quiera ser grande debe ser servidor de los demás (Marcos 10:43-45). Por eso, servir a Dios también significa servir al prójimo. Un padre puede servir a Dios criando a sus hijos con amor y enseñándoles la Palabra; una madre puede hacerlo cuidando y formando a su familia; un profesional puede honrar a Dios trabajando con honestidad; un vecino puede servir ayudando a alguien que atraviesa necesidad; un creyente puede visitar a un enfermo, acompañar a un anciano, escuchar a una persona que está sufriendo, compartir el evangelio, enseñar la Biblia, orar por otros o utilizar sus recursos para ayudar a quienes necesitan.
Además, 1 Pedro 4:10 enseña que cada creyente ha recibido un don y debe ponerlo al servicio de los demás. Esto es importante porque no todos sirven de la misma manera ni en el mismo lugar. Algunos tendrán oportunidades visibles dentro de la congregación; otros desarrollarán ministerios mucho menos visibles. Dios no mide el valor del servicio simplemente por su exposición pública. Jesús destacó precisamente el valor de actos que muchas veces pasan desapercibidos (Mateo 6:1-4).
¿Y qué ocurre si una persona quiere servir dentro de la iglesia pero no encuentra un espacio? Eso no significa necesariamente que haya quedado fuera del propósito de Dios. Quizá el Señor está mostrando que su campo de servicio está en otro lugar. La iglesia necesita ser edificada, pero también necesita salir de sus cuatro paredes. Jesús dijo: «Vayan y hagan discípulos de todas las naciones» (Mateo 28:19). La misión cristiana siempre ha tenido una dimensión hacia afuera.
Por eso, podríamos preguntarnos no solamente: «¿Qué ministerio puedo ocupar dentro de la iglesia?», sino también: «Señor, ¿a quién puedo servir hoy? ¿Qué don me has dado? ¿Qué necesidad has puesto delante de mí? ¿Dónde puedo representar a Cristo?». A veces estamos esperando una plataforma cuando Dios nos ha puesto delante una persona; esperamos un cargo cuando Dios nos ha presentado una necesidad; esperamos un micrófono cuando Dios nos está dando una oportunidad para escuchar, ayudar, enseñar o acompañar.
La iglesia local tiene un papel fundamental y no debemos despreciar la congregación ni la comunión de los creyentes (Hebreos 10:24-25). Pero el servicio cristiano no termina cuando salimos del templo. El templo es un lugar donde somos edificados y equipados; el mundo es uno de los principales campos donde debemos poner en práctica aquello que hemos recibido. Como dijo Jesús: «Así alumbre vuestra luz delante de los hombres» (Mateo 5:16).
En ese sentido, si una puerta de servicio se cierra dentro de la iglesia, no debemos concluir que todas las puertas se han cerrado. Puede haber muchos otros espacios donde Dios quiera utilizarnos. El hogar, el trabajo, la familia, la comunidad, las redes sociales, la calle, los hospitales, las cárceles, las universidades, los centros de estudio y tantos otros lugares pueden convertirse en campos de servicio y testimonio. Lo importante no es solamente dónde servimos, sino para quién servimos y con qué corazón lo hacemos.

1 comentario:
Completamente de acuerdo con éste tema, que cada día que transcurre se ignora, se deja de lado y no se le da la importancia que debemos atender, la misma Palabra de Dios nos insta a dejar las 4 paredes de nuestra iglesia, a salir y predicar el Evangelio de Cristo, preocuparnos como buenos hijos de Dios, por algunas necesidades más apremiantes en nuestra comunidad, visitar hospitales, de alguna forma auxiliar a tanta gente en las calles mendigando un pan para poder sobrevivir en éste mundo que vivimos hoy, totalmente abandonados por nuestras autoridades de gobierno.Que clase de corazón es el que tenemos viviendo como vivimos nosotros los cristianos de hoy si no somos parte de una solución como iglesia como verdaderos hijos de Dios, mostrando totalmente una vida destinada a servir a nuestro prójimo. Cabe señalar que muchas veces nos tenemos que enfrentar con nuestras limitaciones, pero vale mucho la mejor intención que salga de lo más profundo de nuestros corazones, acordémonos de la viuda que dió todo lo que tenía y éstas son las cosas que le agradan a Dios.
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