viernes, 4 de septiembre de 2026

¿PARA QUIÉN ESTOY HACIENDO CONTENIDO?

 



Vivimos en una época en la que los números pueden convertirse fácilmente en una medida de nuestro valor: seguidores, reproducciones, comentarios y, sobre todo, likes. Podemos comenzar haciendo contenido para comunicar algo útil, enseñar, evangelizar o edificar a otros, pero poco a poco podemos quedar atrapados mirando cuántas personas reaccionaron. Cuando los números suben, nos sentimos importantes; cuando bajan, nos frustramos. Y sin darnos cuenta, lo que comenzó como una herramienta para servir puede terminar convirtiéndose en una fuente de vanidad y alimento para el ego.

La Biblia nos advierte acerca de buscar la aprobación de los hombres. Jesús dijo: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos” (Mateo 6:1). Pablo también pregunta: “¿Busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios?” (Gálatas 1:10). El problema no está en que nuestro contenido tenga muchas vistas; si un mensaje llega a miles de personas y las edifica, ¡gloria a Dios! El problema comienza cuando necesitamos que miles nos miren para sentir que nuestro trabajo tiene valor. Podemos tener diez mil seguidores y estar alimentando nuestro ego, o tener cien seguidores y estar siendo tremendamente útiles en las manos de Dios.

Hay una pregunta que cada creador de contenido cristiano debería hacerse: “Si nadie me diera un like, ¿seguiría haciendo esto para la gloria de Dios?”

Porque Dios no mide nuestra fidelidad con el contador de reproducciones. “Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3:23). Nuestro desafío, entonces, no es abandonar las redes sociales, sino entrar en ellas sin permitir que ellas entren en nuestro corazón. Podemos usar las redes para alcanzar multitudes, pero debemos cuidar que la multitud no se convierta en nuestro ídolo.

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