domingo, 15 de julio de 2018
Es inherente a nosotros
La corrupción es inherente a la naturaleza caída del ser humano, no hay ciencia que la corrija, mucho menos que la desarraigue. Nos queda sólo lamentar y sancionar a los que son descubiertos cometiendo actos ilícitos. Sin embargo, todos potencialmente podemos incurrir en lo mismo, o en algo peor porque todos estamos contaminados por el pecado.
¿Deseamos acabar con la corrupción? El único que puede hacerlo es Dios cuando el hombre permite que trabaje en su corazón y le ayude a extirpar el pecado que la produce. El Señor no te dará un paliativo para ello, lo que Él hará es darte un nuevo corazón. Lo hará si se lo permites, caso contrario seguirás igual o peor. "Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne", Ez. 36.26.
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