La gente dice: “no interesa en qué o en quién creas, lo
importante es que creas en algo”. En realidad suena bonito, pero no es cierto.
Es bueno creer, pero lo importante es creer en Dios. Claro, que si tú haces
caso a lo anterior entonces puedes creer, en el destino, en ti mismo, en tu
buena suerte, en los ídolos, en los escapularios, en los animales y hasta en el
diablo. Dios no quiere que creas en cualquier cosa, sino que tu fe esté
orientada hacia el único al cual Dios puso para que sea “el mediador entre Dios
y los hombres” que es nuestro Señor Jesucristo. Jesús dijo: “Yo soy el camino, la
verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí” (Jn. 14:6). Y no pecamos de
ser exclusivistas, como lamentablemente muchos piensan, sino que en realidad no
existe otra vía para poder llegar al cielo sino por medio de Jesús. Ahora si
persistes en mantenerte en tu posición de creer a tu antojo, pues no hay
problema puedes hacerlo, pero te llevarás una gran decepción cuando estés en el
otro lado y descubras que Dios no está allí, y esto debido a tu negativa de
haber obedecido a su Palabra, en cambio si haces caso a lo que dice Jesús,
tendrás la gloria, la honra y la inmortalidad que Jesús prometió a los que
creen en Él, y guardan sus mandamientos. Él dijo: “Yo soy la resurrección y la
vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Jn. 11:25). De ti depende
escoger, y un consejo, ¡escoge bien!

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