martes, 20 de enero de 2015

CRISTIANISMO IMPOTENTE



De por sí el cristianismo no lo es, los que no lo aprovechan son aquellos que no lo han entendido, o no le ponen la importancia debida. Generalmente las personas que no tienen a Cristo no saben lo que es la vida de fe, aunque hayan escuchado de ella. Pueden tener un concepto de fe, que parece bíblico, pueden conocer las Escrituras y saber textos de memoria, pero todo eso no es suficiente. La vida cristiana no es simplemente tener conocimientos acerca de Dios. Hoy más que nunca la gente asiste a eventos de capacitación, congresos, retiros, convenciones, etc, y sabe mucho de la Biblia, pero aún así parece que no es suficiente. Parece raro, pero los cristianos de la iglesia primitiva no sabían tanto como los cristianos de hoy y sin embargo, su influencia fue tan poderosa, que cambiaron el mundo antiguo. El poder de Dios se manifestó de una forma tan prodigiosa que ya quisiéramos las iglesias de ahora imitarlas. Cuando vemos cómo el cristianismo se va apagando en Europa, si es que no está muerto ya, cuando vemos que en el mismo pueblo de Israel, a la gente no le interesa los temas bíblicos, aunque no quiero generalizar, sé que algunos despiertan su interés por el evangelio; cuando vemos que la sociedad nuestra se vuelve más hostil y la maldad crece imparablemente, pienso si realmente estamos siendo efectivos en nuestra misión de ser “luz y sal” en este mundo. El evangelio de Cristo no perdió su efectividad, el poder de Dios sigue disponible para aquellos que lo quieren usar para extender su reino; el brazo de Dios “no se acortó”, los que nos hemos acortado somos nosotros al descuidar nuestra fe al haber permitido que el mundo entre en nuestras vidas y en la iglesia también. Cuando vemos un compromiso “light” en la vida espiritual, cuando vemos a los creyentes que quieren congeniar con las costumbres del mundo sin perder su deseo de seguir con Cristo, cuando los jóvenes quieren tener relaciones en yugo desigual y practican la inmoralidad sexual; cuando hay creyentes que caen en adulterio y participan en hechos de corrupción, cuando dejamos de leer la Biblia y de orar; cuando dejamos de ir los domingos a la iglesia porque es mejor ir a la playa para divertirse, después de todo “Dios no se va a molestar”. Claro y cuando creemos que Dios es como “un viejito buena gente, que me va a perdonar mis pecados, porque para eso está”, entonces el cristianismo que profesamos tiene que haber sido alterado, tiene que haber sido modificado, perdió su sustancia y fuerza, se ha adulterado y por lo tanto se hizo insípido y no sirve para nada. La fe bíblica si no se pone en acción según los parámetros de Dios es impotente y no sirve para nada. Pero cuando todo esto sucede es porque todos, absolutamente todos estamos fallando en algo, desde el liderazgo que se ha vuelto permisivo hasta el hermano que se sienta en la banca y que sólo va a escuchar sin interés en servir en nada, todos adolecen de algo y requieren de hacer una mirada introspectiva y retrospectiva para saber “dónde hemos fallado”. Es importante que Dios nos ayude para entendernos a nosotros mismos, pero también es importante que nosotros nos demos cuenta que requerimos su intervención  con actitud sincera, y estemos dispuestos a cambiar. Hemos fabricado un cristianismo impotente cuando estamos lejos de la voluntad de Dios, no es el cristianismo bíblico, es el nuestro y un estilo de vida así debe ser aborrecible ante los ojos de Dios. A cada uno de nosotros nos corresponde analizarnos y ver en donde estamos errando para luego tratar de enmendarnos, como dice la Biblia en He. 4:16: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Sólo Cristo cuando lo ponemos en el centro de nuestro corazón nos ayudará a entender su perfecta voluntad, ese es el gran desafío que tenemos los creyentes cada día, porque ella es “agradable y perfecta”.

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