En una entrevista que se le hizo al congresista Carlos Bruce
con respecto al archivamiento de la ley civil por la comisión de justicia del
congreso de la república el día de ayer martes, dijo que se impuso “el criterio
religioso a la razón”. Tendríamos que preguntarle al congresista Bruce si para
él la palabra de Dios no es razonable, porque Dios condena la homosexualidad y
eso está en la biblia, y Dios sabe por qué lo dice, a menos que ahora nos diga
que Dios no es razonable. Lamentablemente vivimos en un estado laico, y digo
que es lamentable porque en un escenario así se puede llegar a aprobar esa mal
llamada “ley civil”, que debería llamarse “ley homosexual, o ley gay” o algo
por el estilo, pero no ley civil porque a nadie se le quita sus derechos civiles
refrendados por la Constitución Política. Lo que sucede es que la inmoralidad y
la perversión sexual avanzan de forma tan desenfrenada en nuestra sociedad que
ahora por la misma presión que el libertinaje ejerce sobre la sociedad, pues le
estamos permitiendo ganar terreno de tal manera que ahora los medios de
comunicación, los intelectuales, los legisladores y políticos creen que no
debería usarse tales términos ofensivos como “inmoralidad, perversión”, etc,
contra los actos contranatura, que van en contra del esquema bíblico de la sexualidad humana, sino que deben ser
aceptados como normales. Antiguamente se consideraba que el homosexual era una
persona con un problema siquiátrico o emocional, pero ahora no, ahora se considera
como una persona con otra forma de conducta que debe ser aceptada. Y cómo será
que los estándares de inmoralidad están creciendo y van influyendo poderosamente
en la mente de la gente que ahora pensamos que el que no acepta a un homosexual
pues es un “homofóbico”, es alguien que como dice Bruce tiene criterios
religiosos que van “contra la razón”. Es
triste ver que muchos están aceptando esta tendencia no quiero decir nueva,
porque la homosexualidad existe desde los tiempos bíblicos, sino que es una tendencia
en la sociedad que acepta la tolerancia y la permisividad de la impureza y la inmoralidad sexual y nos
pone de manifiesto que apuntamos sin lugar a dudas a un destino incierto,
profético donde el mal avanza y el bien queda relegado. Donde la comunión con
Dios y la santidad que el Señor establece en su palabra serán mezcladas con
estas nuevas concepciones que degradan al ser humano, que contradicen la
voluntad de Dios y honran más al enemigo y príncipe de las tinieblas. Un Estado
laico es un estado sin Dios, sin su palabra, sin su intervención, es un
escenario donde no se toma en cuenta la voluntad de Dios, y en esto están de
acuerdo los medios masivos, los congresistas, los políticos, los legisladores y
la sociedad en general. Son pocos los que realmente desean ajustarse a los
preceptos bíblicos y desean que se
mantenga la decencia en las relaciones interpersonales, donde se respete a la
familia natural y no se creen otras formas de “familias” que son una parodia
del modelo bíblico. Es triste ver que hay hasta teólogos, a quienes los llamo
“teólogos de género”, que tratan de encontrar en la biblia un texto o pasaje
que sustente su nefasta interpretación pro-gay, es decir quieren forzar al
texto bíblico a decir lo que no dice. Es obvio que toda esta situación que
Jesús nuestro Salvador pronosticó al decirnos; “y por haberse multiplicado la
maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mt. 24:12), llevará a que muchos
creyentes o se fortalezcan o se debiliten en su fe. Al haber leyes que me
obliguen por ejemplo en mi calidad de pastor a tener que unir en una ceremonia
religiosa, como sucede en los países donde la ley de unión civil se aprobó, a
parejas homosexuales y al negarme a hacerlo, pues corro el riesgo de ser
sancionado por la justicia. Esto llevará a muchas denominaciones como el caso
de la iglesia Presbiteriana en Estados Unidos a cambiar sus estatutos para que
los pastores casen a parejas homosexuales,
y está produciendo un éxodo de creyentes de esa denominación y
divisiones porque muchos creyentes que mantienen la “sana doctrina”, no aceptan
esta imposición. Sin embargo, así será, se impondrá, se obligará a los clérigos
y pastores a ajustarse a las nuevas normativas bajo pena de cárcel o multas. Y
pregunto, ¿debemos aprobar un derecho para atropellar a otro? ¿Esta nueva ley
civil me obligará a hacer lo que no quiero hacer? Hay mucho pan que rebanar, en
otros países donde la ley civil tiene tiempo de aprobada, ya se apunta a otras
cosas, a enseñarles o mejor dicho a “promover” en los niños sobre los
matrimonios gay, y decirles que ellos
también pueden escoger este tipo de conductas; a entrar en los baños de las
niñas y viceversa sin prejuicios, a que ahora existan diferentes tipos de
género: hombre, mujer, homosexual, lesbiana, bisexual, y transexual, y que
todos son iguales ante la ley humana, pues dudo que lo sean ante la ley divina.
Y no me extrañaría que esto que también está en la agenda del lobby gay se
apruebe, que los que practican la pedofilia, la necrofilia, la zoofilia y
diversas parafilias pues también tengan aprobadas sus “leyes civiles” que les
permitan tener luz verde para sus malsanos actos. Esto quizá no lo veremos
ahora aquí en el Perú, pero la ley civil que se pretende aprobar no es tan
ingenua como pensamos, apunta a mucho más. Sólo espero que Dios permita que en
el Perú hayan hombres sensatos, asistidos por la “razón” y por la revelación
bíblica para poder seguir poniéndose de pie y no permitir que la inmoralidad,
la impureza sexual y la corrupción moral, producto de la naturaleza caída
humana se pongan en los tribunales o en el congreso, se apropien de los
legisladores y dicten leyes que ofendan al Creador, Dios nos permita seguir
respirando un poco más de aire para enarbolar la palabra de Dios y así defender
la sana doctrina y aunque es inevitable
que el mal seguirá avanzando, tratemos de seguir proclamando el evangelio de
salvación antes que la mente de los hombres y aún de creyentes sea arrebatada
completamente, como vemos que ya está
sucediendo, por el Diablo cuando dice el apóstol Pablo: “Pero el Espíritu dice
claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando
a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios…” (1 Ti. 4:1).

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