Tú eres una persona muy ocupada seguramente. Tienes que
trabajar duro para darle a tu familia un buen status económico. Seguro que tu
esposa también trabaja; sabes, ahora en estos tiempos se requiere que ambos trabajen y no está mal. Sobre todo
si hay deudas y compromisos urgentes que hay que atender. Ahora, seguro que
debes tener hijos pequeños que quedan en casa y que al principio debe haber
sido difícil saber con quién dejarlos, buscar a alguna persona responsable y de
confianza que pueda atenderlos. Es
decir, te despareces de casa desde tempranas horas de la mañana y no regresas
sino hasta ya entrada la noche, y seguro que tu esposa igual. Llegan cansados,
los niños están con la nana, o la empleada encargada de cuidarlos, quizá ya
están durmiendo y no los ven llegar. De repente no has tenido la suerte de
buscar a alguien que los cuide y los has
metido en una guardería en donde se encargan de atenderlos. Mira esto tiene sus
ventajas y desventajas, es verdad cuando uno tiene hijos pequeños hay que darles
toda nuestra atención, requieren que los padres o por lo menos uno de ellos los
acompañe en todo el proceso de su desarrollo y crecimiento físico y emocional. En
algunos países las madres han optado por dejar sus trabajos para dedicarse de
lleno a la crianza de sus hijos en sus etapas formativas. Tienen que arriesgar
el tener un buen status económico porque consideran que es más importante
acompañar a sus hijos en esa etapa tan delicada, pero no todos piensan así.
Para muchos padres es más importante lanzarse a esa implacable búsqueda del
éxito material y financiero, a la consecución de recursos que piensan los harán
felices, pues logrando esto darán mejores oportunidades de vida a los suyos. Es
ese espíritu consumista que se posesiona de nuestra mente y corazón y que nos
lleva a hipotecar todo sentido de pertenencia familiar, valores y absolutos
porque los medios de comunicación, las actitudes de la gente y toda la
maquinaria de la sociedad apuntan a lo mismo. Y nosotros no queremos quedarnos
atrás y nos dejamos arrastrar por esa vorágine que consume todas nuestras fuerzas,
y que tácitamente nos lleva a decirle a
la vida: “yo quiero ser rico, y quiero vivir mejor que mis padres que no me
dieron nada o poco, y quiero tenerlo todo”. Y al desear tenerlo todo abandonas
a tus hijos en las manos de terceras personas que no los van cuidar como sus
padres, o los pueden maltratar; los dejarás en las manos del televisor, de la
computadora o del play station que les enseñará una visión distorsionada de la
vida con falsos valores que dañarán sus mentes y corazones. Si hablamos de
espiritualidad, expondrás a tus hijos al dominio del mundo de las tinieblas, de
la filosofía degradante que aprenderán de los medios y exteriorizarán en algún
momento porque aunque tú les enseñaste veinte minutos de buenos consejos, la
televisión y los juegos interactivos les enseñaron por tres o cuatro horas que
la vida no tiene sentido, que la violencia es una forma de responder ante una
agresión, que los apetitos sexuales
deben se manifestados con libertad y que aún las desviaciones tienen su razón
de ser. Y si en tu hogar no existe Dios, estarías prácticamente entregándote tú
y tu familia al dominio de las tinieblas. Es preciso que reflexiones sobre
esto. Hay padres que se lanzaron en sus años juveniles a la búsqueda del éxito
y abandonaron sus hogares, porque más importante que la familia fue el dinero,
el placer y la fama, hoy lamentan siendo viejos el tener a hijos insensibles y
que se olvidaron de ellos porque sencillamente cosecharon lo que sembraron. Si
te amas a ti mismo y a tu familia, tu presencia en casa es importante, el
inculcarle valores a tus hijos lleva tiempo y debes estar con ellos en todo
momento: sal a jugar con ellos, ayúdales a hacer sus tareas, instrúyeles en el
camino del bien, supervisa lo que ven en la televisión o en la computadora, no
los dejes que anden con cualquier persona, mira quiénes son sus amigos; que tus
hijos sepan que sus mejores amigos y consejeros son sus padres, y sobre todo
pide la ayuda de Dios, que te ilumine y te dé sabiduría para saber guiar a tus
hijos en esta arriesgada y delicada tarea de ser padres. Busca a Dios.

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