miércoles, 22 de abril de 2015

LA DELICADA TAREA DE SER PADRES



Tú eres una persona muy ocupada seguramente. Tienes que trabajar duro para darle a tu familia un buen status económico. Seguro que tu esposa también trabaja; sabes, ahora en estos tiempos se requiere  que ambos trabajen y no está mal. Sobre todo si hay deudas y compromisos urgentes que hay que atender. Ahora, seguro que debes tener hijos pequeños que quedan en casa y que al principio debe haber sido difícil saber con quién dejarlos, buscar a alguna persona responsable y de confianza  que pueda atenderlos. Es decir, te despareces de casa desde tempranas horas de la mañana y no regresas sino hasta ya entrada la noche, y seguro que tu esposa igual. Llegan cansados, los niños están con la nana, o la empleada encargada de cuidarlos, quizá ya están durmiendo y no los ven llegar. De repente no has tenido la suerte de buscar a alguien que  los cuide y los has metido en una guardería en donde se encargan de atenderlos. Mira esto tiene sus ventajas y desventajas, es verdad cuando uno tiene hijos pequeños hay que darles toda nuestra atención, requieren que los padres o por lo menos uno de ellos los acompañe en todo el proceso de su desarrollo y crecimiento físico y emocional. En algunos países las madres han optado por dejar sus trabajos para dedicarse de lleno a la crianza de sus hijos en sus etapas formativas. Tienen que arriesgar el tener un buen status económico porque consideran que es más importante acompañar a sus hijos en esa etapa tan delicada, pero no todos piensan así. Para muchos padres es más importante lanzarse a esa implacable búsqueda del éxito material y financiero, a la consecución de recursos que piensan los harán felices, pues logrando esto darán mejores oportunidades de vida a los suyos. Es ese espíritu consumista que se posesiona de nuestra mente y corazón y que nos lleva a hipotecar todo sentido de pertenencia familiar, valores y absolutos porque los medios de comunicación, las actitudes de la gente y toda la maquinaria de la sociedad apuntan a lo mismo. Y nosotros no queremos quedarnos atrás y nos dejamos arrastrar por esa vorágine que consume todas nuestras fuerzas, y que tácitamente nos lleva a decirle  a la vida: “yo quiero ser rico, y quiero vivir mejor que mis padres que no me dieron nada o poco, y quiero tenerlo todo”. Y al desear tenerlo todo abandonas a tus hijos en las manos de terceras personas que no los van cuidar como sus padres, o los pueden maltratar; los dejarás en las manos del televisor, de la computadora o del play station que les enseñará una visión distorsionada de la vida con falsos valores que dañarán sus mentes y corazones. Si hablamos de espiritualidad, expondrás a tus hijos al dominio del mundo de las tinieblas, de la filosofía degradante que aprenderán de los medios y exteriorizarán en algún momento porque aunque tú les enseñaste veinte minutos de buenos consejos, la televisión y los juegos interactivos les enseñaron por tres o cuatro horas que la vida no tiene sentido, que la violencia es una forma de responder ante una agresión,  que los apetitos sexuales deben se manifestados con libertad y que aún las desviaciones tienen su razón de ser. Y si en tu hogar no existe Dios, estarías prácticamente entregándote tú y tu familia al dominio de las tinieblas. Es preciso que reflexiones sobre esto. Hay padres que se lanzaron en sus años juveniles a la búsqueda del éxito y abandonaron sus hogares, porque más importante que la familia fue el dinero, el placer y la fama, hoy lamentan siendo viejos el tener a hijos insensibles y que se olvidaron de ellos porque sencillamente cosecharon lo que sembraron. Si te amas a ti mismo y a tu familia, tu presencia en casa es importante, el inculcarle valores a tus hijos lleva tiempo y debes estar con ellos en todo momento: sal a jugar con ellos, ayúdales a hacer sus tareas, instrúyeles en el camino del bien, supervisa lo que ven en la televisión o en la computadora, no los dejes que anden con cualquier persona, mira quiénes son sus amigos; que tus hijos sepan que sus mejores amigos y consejeros son sus padres, y sobre todo pide la ayuda de Dios, que te ilumine y te dé sabiduría para saber guiar a tus hijos en esta arriesgada y delicada tarea de ser padres. Busca a Dios.

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