El desaliento es normal, es natural en una sociedad de
competencias. El estilo de vida vertiginoso, acelerado que nos toca vivir es
atroz. Los jóvenes que salen de las universidades tienen que enfrentarse con
muchos más que andan buscando trabajo en
donde deben demostrar que realmente son buenos. Las empresas contratan muchas veces
a los que egresan de las mejores universidades, y aquellos que no, pues
sencillamente los desechan. Claro que esto lleva a muchos de nuestros jóvenes a
desalentarse. Si el desaliento es el decaimiento del estado de ánimo, las
faltas de fuerzas para hacer algo, pues es verdad muchos se desalientan y ya no
quieren seguir intentando ubicarse en el área laboral en el cual se han
adiestrado por muchos años. Pero sabes, el no seguir intentando significa que
estás a punto de rendirte, o que ya tiraste la toalla, y que mejor debes
dedicarte a otra cosa, pues quizá pienses que te equivocaste de profesión. No
es así, la vida es una lucha constante, el que no te haya salido en la primera
no significa que sucederá lo mismo en la segunda. Debes perseverar, debes
continuar en la brega, no te rindas, quizá la mejor oportunidad de tu vida está
a la vuelta de la esquina, y la pierdes porque te rendiste. Te voy a relatar la
crónica de un perdedor:
7 años – Tuvo que empezar a trabajar para ayudar al
sostenimiento de su familia después que tuvieron que abandonar su casa.
9 años – Su madre murió.
22 años – Fracasó en sus negocios.
23 años – Fue derrotado en las elecciones de Legislador.
No pudo entrar a la Facultad de Derecho.
24 años – Se declaró en bancarrota y pasó 17 años pagando
deudas a sus amigos.
25 años – Fue derrotado nuevamente en las elecciones de
Legislador.
26 años – Cuando estaba a punto de casarse, su novia
falleció y quedó con el corazón destrozado.
27 años – Tuvo una crisis nerviosa y pasó 6 meses en
cama.
29 años – Fue derrotado en las elecciones para Representante
del Estado.
31 años – No pudo formar parte del Colegio Electoral.
34 años – Derrotado en las Elecciones al Congreso.
37 años – Derrotado nuevamente en las Elecciones al
Congreso.
39 años – Derrotado por tercera vez en las Elecciones al
Congreso.
40 años – No fue aceptado para un trabajo como alto
funcionario de su Estado.
45 años – Derrotado en las Elecciones para el Senado.
47 años – Derrotado en las Elecciones del Partido
Republicano para candidato a Vice-Presidente del País. (Obtuvo menos de 100
votos.)
49 años – Derrotado nuevamente en las Elecciones para el
Senado.
51 años – Llegó a ser presidente de los Estados Unidos.
Seguramente que dirás de quién se trata, pues de Abraham
Lincoln. ¿Has tenido fracasos? ¿Te sientes derrotado? ¿Crees que ya no puedes
más y es mejor desalentarse? Es porque te estás rindiendo antes de tiempo, y
digo antes de tiempo porque sólo los valientes mueren en el intento, pero nunca
se rinden. La vida de todo ser humano es una experiencia de aventuras buenas y
malas y tú seguramente las tienes, pero aún si las cosas te resultan difíciles,
pues hay que seguir peleando, la bendición le espera al que pelea
legítimamente. El dejar la contienda implica que has perdido la fe, claro la fe
en ti mismo, pero déjame decirte que hay alguien que quiere bendecirte y darte
su ayuda para que puedas lograr tus sueños. Pon tu vida en las manos poderosas
de Dios y entrégale tu corazón y tus necesidades a Él, te aseguro que Dios
nunca defrauda a los que creen en Él. Lincoln fue un creyente en Dios, sabía que detrás de cada prueba había una
bendición. Después de todo a los que creen en Él, “todas las cosas les ayudan a
bien”. Por eso mismo empieza a poner tu confianza en ese Dios maravilloso que te
creó y que se interesa por ti. La biblia dice que al que cree todo le es
posible. Muchas veces para lograr la gloria tenemos que atravesar por nuestro
propio Gólgota, el asunto es no rendirse sino seguir adelante. La vida
cristiana requiere de perseverancia, día a día estamos expuestos a un sinnúmero
de pruebas y tentaciones, pero es posible vencer porque Cristo nos da la
victoria, y la victoria no sólo en lo espiritual, sino en todo ámbito. Nunca te
rindas porque “nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de
los que tienen fe para preservación del alma” (He. 10:39).

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