En muchas partes del mundo se escucha la misma frase: "Creo en Dios, pero no quiero ir a la iglesia". Detrás de estas palabras suele haber historias de desilusión, heridas y malas experiencias. Algunos fueron rechazados cuando más necesitaban apoyo; otros vieron divisiones, conflictos o escándalos entre quienes se llamaban cristianos. También están quienes esperaban encontrar amor, humildad y compasión, pero en su lugar percibieron críticas, hipocresía o indiferencia. Sin duda, existen personas que simplemente no desean comprometerse con Dios y utilizan cualquier excusa para justificar su decisión. Sin embargo, también hay quienes se alejaron porque el testimonio que encontraron no correspondía con el evangelio que escuchaban predicar.
La Biblia nos recuerda que el problema nunca ha sido el poder de Dios. Jesucristo sigue transformando vidas, restaurando familias y salvando pecadores. El evangelio conserva el mismo poder que tenía en el primer siglo. El problema aparece cuando quienes representan a Cristo dejan de reflejar su carácter. Jesús dijo: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros» (Juan 13:35). Cuando ese amor desaparece y es reemplazado por el orgullo, las rivalidades o la falta de misericordia, el testimonio de la iglesia se debilita y muchos observadores llegan a conclusiones equivocadas sobre el cristianismo.
Una ilustración puede ayudarnos a comprender esta realidad. Imaginemos a un médico extraordinario que descubre el tratamiento perfecto para una enfermedad mortal. El problema no está en el medicamento, sino en que algunos de sus asistentes lo administran de manera incorrecta o tratan mal a los pacientes. Sería injusto rechazar el tratamiento por culpa de quienes no lo aplicaron como debían. De la misma manera, el evangelio de Cristo sigue siendo perfecto, aunque quienes lo anuncian sean personas imperfectas que, en ocasiones, fallan gravemente.
Otra ilustración es la de un faro en medio de la noche. La función del faro es guiar a los navegantes hacia un lugar seguro. Pero si el cristal está cubierto de suciedad o la luz pierde intensidad, los barcos tendrán más dificultad para orientarse. La luz no ha perdido su capacidad de iluminar; simplemente necesita volver a brillar con claridad. Así también la iglesia está llamada a reflejar la luz de Cristo. Cuando su testimonio es coherente con el evangelio, muchas personas encuentran esperanza; cuando no lo es, algunos tropiezan y se desaniman.
Esto no significa que debamos abandonar la iglesia por las faltas de algunos creyentes. En la Biblia encontramos que incluso entre los doce discípulos hubo un traidor, Pedro negó al Señor y las iglesias del Nuevo Testamento enfrentaron conflictos, divisiones y problemas doctrinales. Aun así, los apóstoles nunca enseñaron que la solución fuera apartarse del cuerpo de Cristo, sino llamar al arrepentimiento, corregir el error y perseverar en la comunión de los creyentes. La iglesia no es un museo de personas perfectas, sino un hospital donde Dios restaura a pecadores que están siendo transformados por su gracia.
Por ello, antes de preguntarnos por qué muchas personas no quieren asistir a la iglesia, quizá debamos hacernos otra pregunta: ¿Qué clase de iglesia estamos mostrando al mundo? Si quienes nos observan encuentran amor, integridad, humildad, servicio y fidelidad a la Palabra de Dios, estaremos reflejando el carácter de Cristo. Pero si encuentran una vida que contradice el mensaje que proclamamos, difícilmente creerán que el evangelio tiene poder para cambiar al ser humano.
La respuesta no consiste en cambiar el mensaje del evangelio para hacerlo más atractivo, sino en vivirlo con autenticidad. El mundo necesita iglesias donde Cristo sea exaltado, la verdad sea anunciada con amor y las personas encuentren una comunidad que refleje la gracia de Dios. Solo así podremos ser, como dijo Jesús, la luz del mundo y la sal de la tierra. Cuando la iglesia vive conforme al evangelio que predica, su testimonio se convierte en una de las evidencias más poderosas de que Jesucristo sigue transformando vidas hoy.

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