sábado, 20 de junio de 2026

LA POLÍTICA NO ENSEÑA A ODIAR, EL PECADO SÍ



La política tiene como propósito servir al bien común y contribuir al orden de la sociedad, pero con frecuencia observamos que se convierte en un escenario de enfrentamientos, insultos, descalificaciones y profundas divisiones. Durante las campañas electorales y aun después de que los gobernantes asumen sus cargos, es común ver cómo adversarios políticos se atacan mutuamente con dureza. Aunque las diferencias ideológicas pueden explicar parte de estos conflictos, la Biblia nos enseña que el problema de fondo es más profundo que una simple discrepancia de ideas. Detrás de muchas actitudes de odio, orgullo, ambición y desprecio hacia los demás se encuentra la realidad de la naturaleza humana caída.

Las Escrituras enseñan que el corazón humano ha sido afectado por el pecado. Por esa razón, cuando una persona es dominada por el orgullo, el deseo de poder o los intereses personales, puede llegar a ver a sus adversarios como enemigos que deben ser destruidos en lugar de personas con las que se puede discrepar respetuosamente. La Biblia muestra que de un corazón no transformado proceden las enemistades, las contiendas, los celos, las rivalidades y otras actitudes que dañan las relaciones humanas. Esto no ocurre solamente en la política; también puede verse en familias, empresas, iglesias y cualquier otro ámbito donde interactúan las personas.

Cuando observamos el nivel de agresividad que a veces caracteriza el debate político, recordamos que el ser humano necesita algo más que educación, ideologías o reformas institucionales. Necesita una transformación interior. Las leyes pueden regular conductas externas, pero solo Dios puede cambiar el corazón. Por eso, la Biblia insiste en que la verdadera solución a los problemas más profundos de la sociedad no se encuentra únicamente en sistemas políticos, sino en la obra transformadora de Dios en la vida de las personas.

Esto no significa que todos los políticos sean iguales ni que toda participación política sea negativa. Existen personas que procuran servir con integridad y respeto. Sin embargo, la realidad muestra que cuando Dios es excluido de la vida y los valores morales son reemplazados por la ambición, el resentimiento o el afán de poder, las relaciones se deterioran rápidamente. El odio no nace de una ideología en sí misma, sino de un corazón que permite que sentimientos pecaminosos gobiernen sus acciones.

Por eso, la Biblia llama a los creyentes a actuar de manera diferente. Aunque puedan tener opiniones políticas firmes, deben evitar el odio, la hostilidad y el fanatismo. El cristiano está llamado a defender sus convicciones con verdad, pero también con respeto, mansedumbre y amor. En un mundo marcado por la confrontación y el resentimiento, los seguidores de Cristo deben recordar que la verdadera transformación comienza en el corazón y que solo Dios puede producir la paz, la humildad y el amor que tanto necesitan las personas y las naciones.


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