jueves, 5 de febrero de 2026

PADRES SIN DIOS, HIJOS SIN RUMBO



 La Biblia enseña que la formación espiritual comienza en el hogar. Cuando Dios no ocupa el centro de la vida de los padres, esa ausencia inevitablemente se refleja en los hijos. No siempre de manera inmediata, pero sí progresiva y profunda.

“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” (Proverbios 22:6)

Este versículo no habla solo de educación académica o disciplina externa, sino de instrucción en el camino de Dios. Cuando los padres ignoran a Dios, los hijos crecen sin una brújula moral sólida, sin temor de Dios, y con valores moldeados más por el mundo que por la Palabra.

La Escritura también advierte que el temor de Dios es el fundamento de toda sabiduría:

“El temor de Jehová es el principio de la sabiduría.”

(Proverbios 9:10)

Si no hay temor de Dios, no hay verdadero discernimiento entre el bien y el mal. Así, muchos jóvenes terminan siendo fácilmente influenciables, vulnerables a malas compañías, vicios, violencia y hasta la delincuencia.

La Biblia muestra ejemplos claros de esto. El sacerdote Elí amó a Dios, pero no corrigió a sus hijos, y ellos terminaron viviendo en pecado y trayendo ruina sobre su familia (1 Samuel 2–3). Esto nos enseña que no basta con conocer a Dios, hay que transmitirlo y vivirlo delante de los hijos.

Por otro lado, Dios manda directamente a los padres: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos…” (Deuteronomio 6:6–7)

Cuando los padres no tienen a Dios en su corazón, no pueden sembrarlo en el corazón de sus hijos. El resultado son generaciones con conocimiento, pero sin valores; con libertad, pero sin límites; con derechos, pero sin responsabilidad.

La Biblia es clara: una sociedad se corrompe cuando la familia se aleja de Dios. Y aunque no todos los hijos de padres sin Dios terminan en delincuencia, sí quedan más expuestos al vacío espiritual que los empuja a buscar identidad y propósito en caminos equivocados.

La solución bíblica no es solo disciplina, leyes o castigos, sino volver el corazón de los padres a Dios, para que el corazón de los hijos también sea alcanzado.

“Y él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres.”

(Malaquías 4:6)

Un hogar con Dios no es perfecto, pero es un hogar con dirección, límites, perdón y esperanza. Donde Dios gobierna, los valores florecen y el mal pierde terreno.

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