Hay momentos en la vida en que el corazón se cansa. Las fuerzas parecen agotarse y el ánimo se debilita ante tantas contrariedades: una quiebra inesperada, el dolor del desempleo, la herida de un divorcio o el impacto de una enfermedad. Muchos creyentes se preguntan en silencio por qué, si aman a Dios, atraviesan temporadas tan difíciles. Sin embargo, la Escritura nos muestra que la fe no nos exime de los procesos dolorosos; más bien, nos sostiene en medio de ellos.
El profeta Elías, después de una de las mayores victorias espirituales de su vida, cayó en un profundo desaliento. Se sintió solo, amenazado y agotado. No fue reprendido por sentirse así; Dios lo fortaleció, lo alimentó y le habló con voz apacible. Esto nos enseña que el Señor comprende nuestras debilidades y se acerca a nosotros cuando nuestras fuerzas se terminan. También Job experimentó pérdidas devastadoras, y aunque no entendía el propósito de su sufrimiento, al final descubrió que Dios estaba obrando en dimensiones que él no podía ver.
El desaliento no significa que Dios se haya alejado. A veces, en medio del silencio y la confusión, Él está formando algo más profundo en nuestro interior. La Palabra nos recuerda en Romanos 8:28 que todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios. No todas las cosas son buenas en sí mismas, pero todas pueden ser usadas por Dios para cumplir un propósito eterno. Lo que hoy parece una pérdida puede convertirse en dirección; lo que hoy duele puede producir madurez; lo que hoy confunde puede mañana revelar el plan perfecto del Señor.
Tal vez el desaliento que hoy sientes no es el final del camino, sino el proceso que te está preparando para algo mayor. Dios no desperdicia ninguna lágrima, ningún proceso ni ninguna oración pronunciada en medio del quebranto. Él sigue siendo soberano cuando no entendemos, fiel cuando dudamos y cercano cuando nos sentimos solos.
Si tu ánimo está debilitado, vuelve tu mirada al Señor. Él no ha terminado contigo. Detrás de cada prueba hay un propósito, y detrás de cada noche oscura siempre amanece la luz de su fidelidad.
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