lunes, 23 de febrero de 2015

LOS VAIVENES DE LA ESPIRITUALIDAD



Hay días cuando puedes despertar desganado, no quieres ir a trabajar, estudiar, hacer ejercicios, leer tu biblia, ni orar. Estás con una depresión que no la puedes explicar. Bueno, si se trata de cambios hormonales o asuntos de la edad o porque comiste algo anoche que te cayó mal y te hizo levantar de mal humor o todo lo anterior, pues en el momento no te pones a tratar de encontrarle alguna explicación lógica al asunto. Tampoco somos de la tendencia de aquellos súper espirituales que desean encontrarle una explicación espiritual a todo y que raya más en la guerra espiritual y te hacen creer que el enemigo te está poniendo trabas o te está atacando y quitando el ánimo para que no te acerques a Dios, o en el peor  de los casos, según ellos, se te ha metido un espíritu de sueño o de flojera o algún tipo de espíritu que te produce todo lo que sientes. Y aunque no es malo descartar esto último, pienso que los que tienen a Cristo en su corazón pues deben hacer caso a lo que  dice Juan: “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca” (1 Jn. 5:18). Si el enemigo no me toca, entonces ¿qué me sucede?  Mira en realidad no te desesperes, no creo que todos los días amanezcamos con el mismo humor. Si Cristo todavía late en tu corazón y tu amor por Él, no ha cambiado pues entonces no debes pensar que tu asunto espiritual se ha complicado. Él, sabe que lo amas, que tienes una relación que procura mejorar cada vez más, porque sabe que lo deseas y te esfuerzas por ello. Si no leíste la biblia hoy o no oraste porque se te complico el ánimo, no por eso debemos creer que tu salvación está comprometida. Ahora, si la cosa se hace crónica y es de todos los días, al punto que pueden pasar días, semanas, meses y no quisiera pensar que años, que no lees tu biblia, ni oras ni tampoco quieres ir a la iglesia, y le has perdido todo interés a tu comunión con Dios y el mundo te atrae más y los amigos del mundo y sus diversiones son cada vez deseables, entonces allí sí que te pediría que hagas un alto en el camino y te examines porque eso no es normal para tu vida espiritual. El creyente no puede perder la pasión, el ardor por su Salvador, no podemos dejar de alimentarnos de su palabra ni de orar, no porque se nos obligue a ello, sino porque “es una “necesidad para nuestra alma”. En este caso pienso que has dado lugar al mundo en tu corazón y sin darte cuenta has permitido que el enemigo siembre dudas en tu mente que se traducen luego en ese desgano cotidiano  y si esto te alejó de la iglesia te diría como el apóstol  dijo a los corintios: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2 Co. 13:5). Los vaivenes de la espiritualidad del creyente son normales, pero lo que se hace crónico revela un problema espiritual: un pecado no confesado, o un estilo de vida que permitimos y que ofende a Dios. Y tú sabes que aunque somos imperfectos, requerimos ser perfeccionados por nuestro Dios cada día. Por eso, a menos que no lo desees, anhela ser perfeccionado cada día en cuerpo, alma y espíritu, es la garantía de que Cristo realmente habita por la fe en tu corazón, y recuerda que Dios nunca nos deja, generalmente somos nosotros los que lo hacemos; Él tiene un plan contigo y no cejará hasta cumplirlo: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo…” (Fil.1:16).

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