Aprendemos de Dios en la lectura de su palabra, y en la
experiencia de nuestra comunión con Él. Aprendemos a equivocarnos en ese
proceso, pero a la vez sabemos que Dios nos perfecciona, para que nuestra
relación con Él, sea óptima. Es decir, la vida cristiana es un constante
aprendizaje, pienso que no dejaremos de hacerlo. Estamos en el proceso de
santificación, y éste culmina cuando
Dios nos llame a su presencia; cuando Él nos glorifique como glorificó a su
Hijo al resucitar. Él, se ha comprometido a hacer lo mismo contigo y conmigo,
como dice Pablo: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos
seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final
trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados
incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Co. 15:51-52). ¿Anhelas estar en su Presencia? Esta pregunta
para muchos significa, “debo morirme para esta con Él”, recuerda que el
cristiano no muere, “duerme”, irnos con Él, es estar seguro haber logrado el
objetivo de nuestra salvación. Aunque
probablemente no desees irte ahora, debes saber que de todos modos irás al
cielo, porque eres un hijo de Dios renacido por la sangre de Cristo, y tenemos
que saber que al final del camino Cristo Jesús nos espera con los brazos
abiertos. Creo que cuando tenemos bien anclada en nuestra alma la seguridad de
nuestra salvación entonces podremos exclamar como el apóstol Pablo que dijo: “Porque
para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne
resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de
ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con
Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario
por causa de vosotros” (Fil.1:21-24). Pablo sabía que estar con el Señor era
muchísimo mejor, y claro, ahora está con Él, del mismo modo que tú y yo
estaremos algún día con Él, ¿estás seguro de tu salvación? ¿sabes cuál es tu
destino eterno? De ser así vive con esa
esperanza y seguridad mientras estés aquí en la tierra, aunque tengas que pasar
pruebas, tentaciones y luchas espirituales de cualquier tipo, y di como el
apóstol: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada
vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Co. 4:17).

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