“Dios escogió lo necio del mundo para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo para avergonzar a lo fuerte.” — 1 Corintios 1:27
“No es de los ligeros la carrera, ni de los fuertes la batalla… sino que tiempo y ocasión acontecen a todos.” — Eclesiastés 9:11
El mundo nos ha enseñado a medir el valor de las personas por su capacidad, su inteligencia o su habilidad para destacar. Desde temprana edad se nos impulsa a competir, a sobresalir, a demostrar que somos mejores que otros. Bajo esta lógica, pareciera que solo los más preparados están destinados al éxito.
Sin embargo, la Palabra de Dios nos confronta con una verdad que rompe ese pensamiento: el resultado final no depende únicamente de la capacidad humana. La Biblia muestra que muchas veces quienes parecen tener todo a su favor no alcanzan el propósito de Dios, mientras que otros —que no figuraban en las expectativas humanas— son levantados y prosperados por Él.
Dios no actúa así por casualidad. Él lo hace para revelar que Su poder no se sostiene en la fuerza, ni Su sabiduría en el intelecto humano. Cuando una persona limitada, sencilla o poco reconocida es usada por Dios, la gloria no puede atribuirse al talento, sino a la gracia divina.
David no fue escogido por su apariencia ni por su experiencia militar; Gedeón no fue llamado por su valentía; Pedro no fue elegido por su educación. Todos ellos tenían algo en común: un corazón dispuesto a obedecer. Dios no busca impresionarse con lo que sabemos, sino con lo que estamos dispuestos a rendir.
La inteligencia, cuando no está sometida a Dios, puede convertirse en orgullo; la habilidad, en autosuficiencia; y el éxito, en olvido del Señor. Por eso Dios permite que el débil sea fuerte y que el pequeño sea grande, para que nadie confíe en sí mismo más que en Él.
Recuerda que Dios no te llama por lo que aparentas, sino por lo que Él ha decidido hacer en ti.
No te desanimes si otros parecen más capaces: Dios abre puertas que la habilidad no puede abrir.
Si has tenido logros, mantén tu corazón humilde y agradecido.
Camina hoy confiando más en Dios que en tus propias fuerzas.
Dios no siempre escoge a los más inteligentes, pero siempre respalda a los que dependen de Él.
Cuando Él te levanta, no importa cuán pequeño te hayas sentido: Su propósito siempre será mayor.

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