sábado, 24 de enero de 2026

CONECTADOS A TODO, DESCONECTADOS DE DIOS

 


“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Salmos 46:10)

Vivimos en una generación constantemente conectada. El celular es lo primero que miramos al despertar y lo último antes de dormir. Recibimos mensajes, noticias, imágenes y opiniones sin pausa. Sin darnos cuenta, el ruido digital va apagando la voz suave de Dios.

La tecnología no es mala en sí misma; es una herramienta poderosa. El problema surge cuando ocupa el lugar que solo Dios debe tener en nuestro corazón. El ser humano del siglo XXI sigue siendo el mismo que el de antaño: con miedo, con dudas, con culpa y con sed de eternidad. Ninguna aplicación puede dar paz al alma ni esperanza al corazón.

La Biblia nos advierte que en los últimos tiempos el conocimiento aumentaría, pero también el amor se enfriaría (Daniel 12:4; Mateo 24:12). Hoy sabemos mucho, pero escuchamos poco; hablamos mucho, pero meditamos poco; estamos informados, pero no transformados.

Dios sigue hablando, pero exige algo que esta generación ha perdido: quietud. Para conocer a Dios hay que detenerse, apagar el ruido y abrir el corazón. Las nuevas generaciones no necesitan menos a Dios, lo necesitan más, aunque muchas veces no lo sepan.

Examinemos nuestro corazón:

¿Cuánto tiempo paso conectado a una pantalla y cuánto conectado a Dios?

¿Busco dirección espiritual o solo distracción?

¿Es Cristo el centro de mi vida o solo una opción más entre muchas?

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Romanos 12:2).

Hoy decide establecer momentos de silencio con Dios. Apaga el celular, cierra las redes por unos minutos y abre la Palabra. Usa la tecnología como herramienta, pero no como amo. Permite que Dios vuelva a ocupar el primer lugar en tu corazón.

La tecnología conecta personas, pero solo Dios conecta el alma con la eternidad.

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