ENTRE EL SUELDO Y EL SACRIFICIO

El
ministerio pastoral es una de las responsabilidades más nobles y delicadas del
cuerpo de Cristo. Jesús, como el Buen Pastor, nos dejó el modelo perfecto de lo
que significa cuidar, amar, guiar y proteger a las ovejas (Juan 10). Sin
embargo, en ese mismo pasaje, el Señor también advirtió sobre la presencia de
otro tipo de líder: el asalariado, que no tiene amor genuino por el rebaño y
solo busca su propio beneficio.
La
diferencia entre ambos no radica únicamente en su posición o función, sino en
el corazón, la motivación y la manera en que ejercen el ministerio. En tiempos
donde el liderazgo eclesial puede ser distorsionado por intereses personales,
es urgente reflexionar a la luz de las Escrituras sobre estos dos perfiles
pastorales.
1. El
Pastor Asalariado: características
Jesús dijo:
“Mas el
asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir
al lobo y deja las ovejas y huye; y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.
Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.”—Juan 10:12–13
a. Motivación
económica o personal
El
asalariado no sirve por amor a Dios ni al rebaño, sino por el beneficio que
pueda obtener. Su principal preocupación es el salario, la comodidad o el
prestigio, no el bienestar de las almas.
“Avaros
de ganancias deshonestas...”
(Tito 1:7)
b. Falta
de compromiso en la adversidad
Cuando
surgen dificultades, el asalariado huye o se esconde, pues no está dispuesto a
sacrificarse. No protege ni defiende a las ovejas porque no le pertenecen en su
corazón. No lucha contra el pecado, ni cuida la doctrina, ni enfrenta al
“lobo”.
c. Desconexión
emocional con el rebaño
El
asalariado no conoce a las ovejas ni las ama. Las trata como números o medios
para un fin. No hay ternura, compasión ni disposición a acompañarlas en sus
cargas.
d. Predicación
superficial o complaciente
Para
mantener su posición, el asalariado predica lo que agrada al oído. Evita
confrontar el pecado o incomodar, porque su objetivo no es transformar vidas,
sino retener seguidores.
“Tendrán
comezón de oír, y se amontonarán maestros conforme a sus propias
concupiscencias.”—2
Timoteo 4:3
e. Enfoque
en sí mismo
El pastor
asalariado busca su propia gloria, no la de Cristo. Usa el púlpito y el
liderazgo para promover su imagen, controlar, o beneficiarse social o
económicamente.
2. El
Pastor que Ama a las Ovejas: características
Jesús dijo:
“Yo soy
el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.” —Juan 10:11
a. Sirve
por amor a Cristo y a las ovejas
El verdadero
pastor es movido por un llamado divino, no por intereses personales. Ama a las
ovejas porque ama al Dueño del rebaño. Su motivación es el amor sacrificial, no
la recompensa terrenal.
“Apacienta
mis ovejas, si me amas...”—Juan
21:16
b. Está
dispuesto a sacrificarse
No abandona
cuando llegan los problemas. Enfrenta a los lobos, cuida la sana doctrina,
corrige con amor y sufre junto a las ovejas. Su entrega es total.
“Con
lágrimas os he enseñado... no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.” —Hechos 20:27–31
c. Conoce
y se involucra con las ovejas
El pastor
que ama vive con las ovejas, las visita, ora por ellas, las escucha y las guía.
Sabe lo que están pasando y las llama por su nombre.
“Mis
ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.”—Juan 10:27
d. Enseña
con fidelidad y verdad
No acomoda
el mensaje. Enseña todo el consejo de Dios, aunque duela, porque sabe que la
verdad es lo que salva, transforma y protege.
“Predica
la palabra... redarguye, reprende, exhorta con paciencia y doctrina.”
—2 Timoteo 4:2
e. Glorifica
a Cristo, no a sí mismo
El verdadero
pastor disminuye para que Cristo crezca. Él sabe que el rebaño no le pertenece,
que es solo un siervo del Buen Pastor.
“No nos
predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor.”
—2 Corintios 4:5
Reflexión
En estos
tiempos, donde muchos buscan el ministerio como una carrera, una plataforma o
un medio para alcanzar poder o prestigio, la Palabra de Dios nos llama a
discernir con claridad y valentía entre el pastor asalariado y el pastor
verdadero.
El primero
sirve mientras le conviene, busca su interés, y huye ante el peligro. El
segundo permanece fiel aunque cueste la vida, porque su corazón late al compás
del corazón del Buen Pastor.
La iglesia
necesita líderes con entrañas de compasión, integridad y pasión por las almas,
no mercenarios de púlpito. El verdadero pastor se quebranta con las heridas de
las ovejas, las busca cuando se pierden, las alimenta con la verdad y las
protege con celo santo.
La
diferencia no es externa: es una cuestión del corazón.
¿Sirvo por amor o por interés? ¿Estoy dispuesto a dar la vida, o solo sirvo
mientras recibo?
Que cada
pastor, líder y siervo del Señor pueda decir como Pablo:
“Con gran
lucha combatí por vosotros... para presentar perfecto en Cristo Jesús a todo
hombre.” —Colosenses
1:28–29
Y que al
final de su carrera, pueda escuchar:
“Bien,
buen siervo y fiel...”
(Mateo 25:21)
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